HISTORIA MEMORIA Y OLVIDO
Historia 6SH 2021
domingo, 14 de marzo de 2021
HISTORIA MEMORIA Y OLVIDO
jueves, 11 de marzo de 2021
pasado y presente
Primera actividad concreta
Micro actividad: 1- análisis de la caricatura completando los siguientes pasos:
A. Observa minuciosamente la imagen. Si hay palabras que no conoces búscalas en el diccionario.
B. Realiza una descripción de lo que ves: objetos, vestimenta, rasgos físicos de la persona, acciones que está realizando y todos detalles que veas.
C. ¿Qué crees que quiso expresar el dibujante con esta imagen?
D. ¿Qué información de la pandemia de 1918 nos brinda la imagen?
E. ¿Hay algún aspecto que se pueda relacionar con la actualidad? Explícate, cuéntame.
Temas de actualida...el siglo XX y XXI
EL SIGLO XX LOS HECHOS....
https://www.youtube.com/watch?v=5psoKPPrVIY
GLOBALIZACIÓN Y ANTIGLOBALIZACIÓN
A estas alturas, todo quisque tiene su opinión sobre la globalización. Éste es el principal mérito del movimiento global contra la globalización: el haber puesto sobre el tapete del debate social y político lo que se presentaba como vía única e indiscutible del progreso de la humanidad. Como es lo propio de todo gran debate ideológico, se plantea en medio de la confusión y la emoción, muertos incluidos. Por eso me pareció que, en lugar de añadir mi propia toma de posición a las que se publican cada día, podría ser más útil para usted, atento lector en su relajado entorno veraniego, el recordar algunos de los datos que enmarcan el debate. Empezando por definir la globalización misma. Se trata de un proceso objetivo, no de una ideología, aunque haya sido utilizado por la ideología neoliberal como argumento para pretenderse como la única racionalidad posible. Y es un proceso multidimensional, no solo económico. Su expresión más determinante es la interdependencia global de los mercados financieros, permitida por las nuevas tecnologías de información y comunicación y favorecida por la desregulación y liberalización de dichos mercados. Si el dinero (el de nuestros bancos y fondos de inversión, o sea, el suyo y el mío) es global, nuestra economía es global, porque nuestra economía (naturalmente capitalista, aunque sea de un capitalismo distinto) se mueve al ritmo de la inversión de capital. Y si las monedas se cotizan globalmente (porque se cambian dos billones de dólares diarios en el mercado de divisas), las políticas monetarias no pueden decidirse autónomamente en los marcos nacionales. También está globalizada la producción de bienes y servicios, en torno a redes productivas de 53.000 empresas multinacionales y sus 415.000 empresas auxiliares. Estas redes emplean tan sólo a unos 200 millones de trabajadores (de los casi 3.000 millones de gentes que trabajan para vivir en todo el planeta), pero en dichas redes se genera el 30% del producto bruto global y 2/3 del comercio mundial.
Por tanto, el comercio internacional es el sector del que depende la creación de riqueza en todas las economías, pero ese comercio expresa la internacionalización del sistema productivo. También la ciencia y la tecnología están globalizadas en redes de comunicación y cooperación, estructuradas en torno a los principales centros de investigación universitarios y empresariales. Como lo está el mercado global de trabajadores altamente especializados, tecnólogos, financieros, futbolistas y asesinos profesionales, por poner ejemplos. Y las migraciones contribuyen a una globalización creciente de otros sectores de trabajadores. Pero la globalización incluye el mundo de la comunicación, con la interpenetración y concentración de los medios de comunicación en torno a siete grandes grupos multimedia, conectados por distintas alianzas a unos pocos grupos dominantes en cada país (cuatro o cinco en España, según como se cuente). Y la comunicación entre la gente también se globaliza a partir de Internet (nos aproximamos a 500 millones de usuarios en el mundo y a una tasa media de penetración de un tercio de la población en la Unión Europea). El deporte, una dimensión esencial de nuestro imaginario colectivo, vive de su relación local-global, con la identidad catalana vibrando con argentinos y brasileños tras haber superado su localismo holandés. En fin, también las instituciones políticas se han globalizado a su manera, construyendo un Estado red en el que los Estados nacionales se encuentran con instituciones supranacionales como la Unión Europea o clubes de decisión como el G-8 o instituciones de gestión como el FMI para tomar decisiones de forma conjunta. Lejos queda el espacio nacional de representación democrática, mientras que los espacios locales se construyen como resistencia más que como escalón participativo. De hecho, los Estados nacionales no sufren la globalización, sino que han sido sus principales impulsores, mediante políticas liberalizadoras, convencidos como estaban y como están de que la globalización crea riqueza, ofrece oportunidades y, al final del recorrido, también les llegarán sus frutos a la mayoría de los hoy excluidos.
El problema para ese horizonte luminoso es que las sociedades no son entes sumisos susceptibles de programación. La gente vive y reacciona con lo que va percibiendo y, en general, desconfía de los políticos. Y, cuando no encuentra cauces de información y de participación, sale a la calle. Y así, frente a la pérdida de control social y político sobre un sistema de decisión globalizado que actúa sobre un mundo globalizado, surge el movimiento antiglobalización, comunicado y organizado por Internet, centrado en protestas simbólicas que reflejan los tiempos y espacios de los decididores de la globalización y utilizan sus mismos cauces de comunicación con la sociedad: los medios informativos, en donde una imagen vale más que mil ponencias.
¿Qué es ese movimiento antiglobalización? Frente a los mil intérpretes que se ofrecen cada día para revelar su esencia, los investigadores de los movimientos sociales sabemos que un movimiento es lo que dice que es, porque es en torno a esas banderas explícitas donde se agregan voluntades. Sabemos que es muy diverso, e incluso contradictorio, como todos los grandes movimientos. Pero ¿qué voces salen de esa diversidad?
Unos son negros, otros blancos, otros verdes, otros rojos, otros violeta y otros etéreos de meditación y plegaria. Pero ¿qué dicen? Unos piden un mejor reparto de la riqueza en el mundo, rechazan la exclusión social y denuncian la paradoja de un extraordinario desarrollo tecnológico acompañado de enfermedades y epidemias en gran parte del planeta.
Otros defienden al planeta mismo, a nuestra madre Tierra, amenazada de desarrollo insostenible, algo que sabemos ahora precisamente gracias al progreso de la ciencia y la tecnología. Otros recuerdan que el sexismo también se ha globalizado. Otros defienden la universalización efectiva de los derechos humanos. Otros afirman la identidad cultural y los derechos de los pueblos a existir más allá del hipertexto mediático. Algunos añaden la gastronomía local como dimensión de esa identidad. Otros defienden los derechos de los trabajadores en el norte y en el sur. O la defensa de la agricultura tradicional contra la revolución genética. Muchos utilizan algunos de los argumentos señalados para defender un proteccionismo comercial que limite el comercio y la inversión en los países en desarrollo. Otros se declaran abiertamente antisistema, anticapitalistas desde luego, pero también anti-Estado, renovando los vínculos ideológicos con la tradición anarquista que, significativamente, entra en el siglo XXI con más fuerza vital que la tradición marxista, marcada por la práctica histórica del marxismo-leninismo en el siglo XX. Y también hay numerosos sectores intelectuales de la vieja izquierda marxista que ven reivindicada su resistencia a la oleada neoliberal. Todo eso es el movimiento antiglobalización. Incluye una franja violenta, minoritaria, para quien la violencia es necesaria para revelar la violencia del sistema. Es inútil pedir a la gran mayoría pacífica que se desmarque de los violentos, porque ya lo han hecho, pero en este movimiento no hay generales y aun menos soldados. Tal vez sería más productivo para la paz pedir a los gobiernos que se desmarquen de sus policías violentos, ya que, según observadores fiables de las manifestaciones de Barcelona y Génova, la policía agravó la confrontación. No se puede descartar que algunos servicios de inteligencia piensen que la batalla esencial está en ganar la opinión pública y que asustar al pueblo llano con imágenes de feroces batallas callejeras puede conseguir socavar el apoyo a los temas del movimiento antiglobalización. Vano intento, pues, en su diversidad, muchos de esos mensajes están calando en las mentes de los ciudadanos, según muestran encuestas de opinión en distintos países.
Dentro de esa diversidad, si un rasgo une a este movimiento es tal vez el lema con el que se convocó la primera manifestación, la de Seattle: 'No a la globalización sin representación'. O sea, que, antes de entrar en los contenidos del debate, hay una enmienda a la mayor, al hecho de que se están tomando decisiones vitales para todos en contextos y en reuniones fuera del control de los ciudadanos. En principio, es una acusación infundada, puesto que la mayoría son representantes de gobiernos democráticamente elegidos. Pero ocurre que los electores no pueden leer la letra pequeña (o inexistente) de las elecciones a las que son llamados cada cuatro años con políticos que se centran en ganar la campaña de imagen y con gobiernos que bastante trabajo tienen con reaccionar a los flujos globales y suelen olvidarse de informar a sus ciudadanos. Y resulta también que la encuesta que Kofi Annan presentó en la Asamblea del Milenio de Naciones Unidas señala que 2/3 de los ciudadanos del mundo (incluyendo las democracias occidentales) no piensan que sus gobernantes los representen. De modo que lo que dicen los movimientos antiglobalización es que esta democracia, si bien es necesaria para la mayoría, no es suficiente aquí y ahora. Así planteado el problema, se pueden reafirmar los principios democráticos abstractos, mientras se refuerza la policía y se planea trasladar las decisiones al espacio de los flujos inmateriales. O bien se puede repensar la democracia, construyendo sobre lo que conseguimos en la historia, en el nuevo contexto de la globalización. Que se haga una u otra cosa depende de usted y de muchos otros como usted. Y depende de que escuchemos, entre carga policial e imagen de televisión, la voz plural, hecha de protesta más que de propuesta, que nos llega del nuevo movimiento social en contra de esta globalización.
FUENTE: Manuel Castells (Profesor Universitat Oberta de Catalunya, UOC), “Globalización y antiglo - balización”, en El País, Madrid, edición electrónica, martes, 24 de julio de 2001.
lunes, 8 de marzo de 2021
Espacios, adolescencia, covid-19, libertades
Espacios, adolescencia, covid-19, libertades
PARA SABER MÁS DE USTEDES Y SUS OPINIONES...🙋
·
qué extraño de la vida antes de la emergencia sanitaria y el Covid, y lo que no.?Lugares,
personas, hábitos, rutinas, etc.
·
Como me adapto a los cambios, que alternativas
propongo y he practicado.?
·
Que emociones me genera la situación respecto a los vínculos con mis pares, adultos Referentes, instituciones.?
·
Que nuevo vocabulario, rasgos culturales se
incorporaron, ?son compartidos por ti?
· Que proyecciones tengo para el 2021?
Algunas publicidades para pensar
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https://www.youtube.com/watch?v=6SDzcgcVSl0
https://www.youtube.com/watch?v=McZVU5QWnHc
sábado, 6 de marzo de 2021
El papel de la historia reciente en tu vida
Micro actividad de interpretación y reflexión.
Explica por qué los atentados del 11 de septiembre de 2001 en
territorio estadounidense pueden ser considerados como hechos
históricos.
¿De qué manera los atentados del 11-S repercuten en el
presente?
Texto 1. El desplome de las dos
torres gemelas que albergaban al World Trade Center de Nueva York y la
destrucción del ala poniente en Washington, el 11 de septiembre del 2001, por
el impacto de tres aviones comerciales, es considerado el acontecimiento que
inicia el siglo XXI. Generó un tremendo asombro mundial, fue una tragedia
universal, pues cerca de cuatro mil trabajadores quedaron sepultados bajo los
escombros de los edificios, pero también tocó los símbolos del vigor económico
y del poder militar de Estados Unidos de América, la primera potencia mundial,
cuando ninguna fuerza externa la había agredido antes en su territorio. ¿Cambió
el mundo con este suceso? Hay quienes aseguran que ese ataque produjo la peor
crisis desde la Segunda Guerra Mundial: el miedo redujo sensiblemente la
actividad turística y trajo consigo la bancarrota de varias aerolíneas; la
crisis económica ya existente en varios sectores de la economía estadounidense
se profundizó; en todo el mundo se adoptaron políticas de antiinmigración y
severas medidas de seguridad y vigilancia que lesionaron la libertad
individual, la contratación de extranjeros en los países democráticos y, sobre
todo, en Estados Unidos de América, la libertad de prensa. A pocos días del
atentado del 11-S, Estados Unidos de América acusó a Osama Bin Laden, un
millonario de origen saudí, huésped y patrocinador del régimen integrista de
los talibanes, y a su grupo terrorista Al Qaeda. Acto seguido, demandó al
gobierno talibán de Afganistán su entrega inmediata. Ante la negativa de los
talibanes, el 7 de octubre, con la ayuda de Gran Bretaña, el ejército
estadounidense dio inicio a la operación “Justicia Infinita” y lanzó los
primeros bombardeos sobre Afganistán. A través de un comunicado emitido por la
televisora árabe Al Yazira, Bin Laden afirmó que Estados Unidos de América no
tendría seguridad hasta que el pueblo palestino viviera en paz. […] Fuente:
Pastor, M. (2003). Historia Universal. México: Santillana. 371.
Texto 2. El atentado del 11 de
septiembre de 2001 fue calificado por el gobierno estadounidense como de
terrorismo internacional, perpetrado por un nuevo enemigo: el terrorismo
encarnado en organizaciones como Al-Qaeda. Las primeras medidas ante el
terrorismo fueron la protección de la nación y la reacción a cualquier indicio
de ataque. La posterior ofensiva contra el régimen talibán de Afganistán y las
células de Al-Qaeda ahí establecidas –agresión validada por la ONU, la OTAN y
la Unión Europea– legitimó la intervención estadounidense en cualquier región
del planeta. Comenzaba así la cruzada contra los enemigos de los ideales
liberales. Paradójicamente, la caza de “terroristas” se prestó para abusos y
atentados contra las libertades fundamentales de la sociedad estadounidense,
como el caso de la “Ley Patriótica” que impuso una “justicia de excepción”,
dándole potestad a las autoridades para detener y juzgar fuera de los cauces
judiciales establecidos a personas que han realizado actos terroristas o bien
sospechosas de tener vínculos con organizaciones de este tipo. El entonces
presidente estadounidense, George W. Bush, bautizó a Iraq, Irán y Corea del
Norte como “el eje del mal”, acusó a sus gobiernos de proteger y financiar
terroristas y afirmó que poseían armamento nuclear. Estas dos condiciones y la
dictadura de Sadam Hussein fueron motivos suficientes para que Estados Unidos
de Norteamérica declarara, una vez más, la guerra a Iraq en marzo de 2003. Ante
la ausencia de armamento químico y nuclear en Iraq, el Secretario de Defensa
Donald Rumsfeld declararía que “la ausencia de pruebas no constituía la prueba
de la ausencia de armas de destrucción masiva.” Con la invasión a Iraq, Estados
Unidos logró una posición geopolítica envidiable respecto de los intereses de
Rusia, China y Europa. Consolidó su supremacía mundial a la par que reactivaba
su economía y quedaba en control de las reservas petroleras de las zona. “La
guerra contra el tirano” se utilizó para desviar la atención de los escándalos
empresariales de Enron Halliburton y otros consorcios, así como para mejorar la
deteriorada imagen del presidente Bush y el Partido Republicano. […] El
gobierno estadounidense no sólo cometió violaciones de derechos humanos
–incluidos los delitos de tortura y desaparición forzada, contemplados por el
derecho internacional–, sino que las justificó, alegando que eran necesarias y
legales. Fomentó, por ejemplo, la islamofobia o los sentimientos de temor
injustificado y de mantener posiciones de hostilidad hacia los musulmanes y
todo lo relacionado con ellos. […] Fuente: Llanos Hernández, M. Estados Unidos
y sus pretensiones de hegemonía mundial. Su confrontación con el terrorismo
internacional. En Valencia Castrejón, S. y Palacios Hernández, A. (2010).
Historia mundial del Imperialismo a la Globalización. De 1979 a nuestros días.
México: Edere. 69-71.
lunes, 8 de junio de 2020
https://docs.google.com/document/d/1yjErSYwgivQPEysE8LTnEf6cTpbIIauqui_Ag_feKTc/edit?usp=sharing
El ejército austríaco es todavía fiel y útil; Italia está todavía fuertemente comprometida con la Triple Alianza e incluso si prefiere aún, por el momento, el mantenimiento de la paz, para curar las heridas de la última guerra, sabe sin embargo muy bien, que si Alemania es derrotada, ella será entregada sin remedio a la violencia de Francia y de Inglaterra y perderá su posición independiente en el Mediterráneo; se mantendrían, pues, hoy por hoy fielmente a nuestro lado. Podemos, igualmente, contar llegado el caso, con Turquía y Rumania. Tenemos así todas las de gana podríamos dirigir los mandos de la política europea, mediante una ofensiva decidida, y podríamos asegurar nuestro porvenir.
Esto no quiere decir que debamos provocar la guerra, pero allí donde se produzca un conflicto de intereses (...) no deberíamos retroceder, sino hacerlo depender de la guerra y comenzar ésta por una ofensiva resuelta; poco importa el pretexto, pues no es de esto de lo que se trata, sino de todo nuestro porvenir, que está en juego.
Los gobiernos aliados y asociados declaran y Alemania reconoce, que Alemania y sus aliados son responsables, por haberlos causado, de todos los daños sufridos por los gobiernos aliados y asociados y sus habitantes a consecuencia de la guerra, a la que les ha conducido la agresión de Alemania y sus aliados.
Artículo 232.
Los gobiernos aliados y asociados exigen, y Alemania se compromete, que sean reparados todos los daños causados a la población civil de las potencias aliadas y asociadas y sus bienes.
Artículo 233.
La cuantía de estos daños, por cuya reparación debe pagar Alemania, será fijada por una comisión interaliada, que tomará el título de Comisión de Reparaciones.”
Tratado de Versalles. Parte VIII. Reparaciones.







