Hobbes y el Absolutismo
Hobbes va a
desarrollar un pensamiento pesimista con respecto al ser humano: El hombre
es lobo del hombre se transformará en su frase más célebre. El hombre es
malo y egoísta, (porque las pasiones de los hombres son, por lo común, más
potentes que su razón) capaz de despedazar incluso a sus semejantes si no
está sometido a un gobierno superior que reúna en sus manos el poder absoluto.
Las leyes de
naturaleza (tales como las de justicia, equidad, modestia, piedad y, en suma,
la de haz a otros lo que quieras que otros hagan para ti) son, por sí mismas,
cuando no existe el temor a un determinado poder que motive su observancia,
contrarias a nuestras pasiones naturales, las cuales nos inducen a la
parcialidad, al orgullo, a la venganza y a cosas semejantes. Los pactos que no
descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al
hombre, en modo alguno. Por consiguiente, a pesar de las leyes de naturaleza
(que cada uno observa cuando tiene la voluntad de observarlas, cuando puede
hacerlo de modo seguro) si no se ha instituido un poder o no es suficientemente
grande para nuestra seguridad, cada uno fiará tan sólo, y podrá hacerlo
legalmente, sobre su propia fuerza y maña, para protegerse contra los demás
hombres.
El poder absoluto
nace del consentimiento de los hombres. Señala Chevallier: “Sustentaba el
absolutismo sin el mínimo recurso al derecho divino de los reyes, por
argumentos puramente racionales y positivos, por una inversión de la subversiva
teoría del contrato”[i].
En cuanto a la
doctrina del Estado, Hobbes parte de la igualdad entre todos los hombres, pero
tiene una concepción pesimista del ser humano: homo hominis lupus (el
hombre es lobo del hombre).
Locke (unos cuarenta
años más tarde) va a concebir el estado de naturaleza como un estado de paz y
armonía y el contrato es concebido para perfeccionar ese estado natural. Para
Hobbes, en cambio, el estado de naturaleza es un estado de caos. Concurrencia,
desconfianza recíproca, avidez de gloria o de fama tiene por resultado una
lucha perpetua. El contrato o acuerdo entre los hombres es para abandonar ese
estado de caos y ganar en paz y seguridad.
Para el autor del Leviatán,
los tres motores de la discordia entre los seres humanos son:
a) la competencia que
provoca agresión por la ganancia;
b) la desconfianza,
que hace que los hombres se ataquen para alcanzar la seguridad;
c) la vanagloria, que
los enemista por rivalidades de reputación.
Esta situación
natural define un estado de perpetua lucha, de guerra de todos contra todos (bellum
omnum contra omnes) según la tremenda fórmula de Hobbes.
Como señala
Chevallier, bajo pena de destrucción de la especie humana, es preciso que el
hombre abandone tal estado: en esto consiste realmente su liberación y su
salvación. El hombre posee la posibilidad de abandonar tal estado. Esta
posibilidad consiste parcialmente en sus pasiones, parcialmente en su razón.
Algunas de sus pasiones lo inclinan para la paz: en primer lugar, el temor a la
muerte. La razón, que es apenas un cálculo, le sugiere convenientes artículos
de paz, que le permitan entrar en acuerdo con otros hombres.[ii]
Este es el origen,
para Hobbes, del contrato, pacto o acuerdo que lleva a los hombres a dejar el
estado de naturaleza para transferir todos sus derechos a un soberano (que en
el pensamiento de Hobbes puede ser una monarquía o una asamblea pero manifiesta
su preferencia por una monarquía). Si el egoísmo domina en el estado de
naturaleza, es el mismo egoísmo (una razón de cálculo) que lo lleva a ese pacto
a cambio de seguridad como el bien más preciado.
Al despojarse los
hombres de su poder, lo asume íntegramente el Estado que ejerce ese poder sin
limitaciones; es una maquinaria poderosa, un monstruo que devora a los
individuos y ante el cual no hay ninguna otra instancia. Hobbes no encuentra
nombre mejor que el de la gran bestia bíblica: Leviatán. Y agrega: De
esta institución de un Estado derivan todos los derechos y facultades de aquel o de aquellos a quienes
se confiere el poder soberano por el consentimiento del pueblo reunido...
En su concepción de
absolutismo, Hobbes rechaza toda división del poder (como en el denominado gobierno
mixto, donde el Parlamento adquiere preponderancia frente a la monarquía) .
Si el poder se divide, deja de ser absoluto. Igualmente su pensamiento está muy
lejos de nuestra democracia representativa. En el pacto fundamental de Hobbes
hay transferencia total, no hay delegación de poder.
Tomado de: Historia
del pensamiento político. M.A Peña.
[i] Chevallier, J.J Grandes obras políticas, de
Maquiavelo a nuestros días. Brasilia. Editoras Universidades de Brasilia. P 81
