lunes, 8 de junio de 2020

LAS RIVALIDADES QUE CONDUJERON A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

https://docs.google.com/document/d/1yjErSYwgivQPEysE8LTnEf6cTpbIIauqui_Ag_feKTc/edit?usp=sharing

Un error fundamental (durante la I Guerra Mundial) fue el de mostrar al adversario a la luz del ridículo, forma de propaganda a la que se consagraron con ahínco las revistas humorísticas de Austria y Alemania; y fue errónea porque cuando daba realmente en el blanco servía para que nuestros hombres se formasen una impresión completamente equivocada del enemigo; porque el soldado alemán bajo la impresión directa de la capacidad de resistencia del adversario, comprobaba que había sido engañado hasta aquel momento."
J.A.C. Brown. Técnicas de persecución. De la propaganda al lavado de cerebro.
“La propaganda se convirtió en un instrumento bien definido, que utilizaba un método científico y ensayaba algún tipo de técnica objetiva. Sin embargo, Gran Bretaña no alcanzará esa etapa hasta el verano de 1918, al establecer en Grewe House un Departamento de Propaganda Enemiga. Los principales medios utilizados fueron panfletos, boletines, octavillas, periódicos, carteles y, esencialmente en América, películas y mítines públicos. Los principales objetivos de dicha propaganda, tanto en esa como en cualquier otra guerra, fueron: 1) movilizar y dirigir el odio al enemigo y minar su moral; 2) convencer al público de la legitimidad de la causa aliada y aumentar y mantener su espíritu de lucha; 3) conseguir la amistad de los neutrales y fortalecer la impresión de que no sólo tenían razón los Aliados, sino que además iban a alzarse con la victoria y, siempre que fuese posible, conseguir su apoyo activo y su cooperación ; 4) extender y fortalecer la amistad de las naciones aliadas. Cualesquiera que fuesen las técnicas empleadas por ambos bandos, la idea básica consistía en crear fuertes actitudes y sentimientos de pertenencia a nuestro grupo, y actitudes opuestas de odio al enemigo por constituir un peligroso grupo exterior (...).”
J.A.C. Brown. Técnicas de persecución. De la propaganda al lavado de cerebro.
“Francia aún no está preparada para el combate; Inglaterra vive atormentada por dificultades interiores y coloniales. Rusia teme mucho la guerra, porque tiene miedo de una revolución interior. Vamos a esperar que nuestros adversarios estén dispuestos o debemos aprovecharnos del momento favorable para provocar la decisión He aquí la difícil cuestión que se trata de resolver.
El ejército austríaco es todavía fiel y útil; Italia está todavía fuertemente comprometida con la Triple Alianza e incluso si prefiere aún, por el momento, el mantenimiento de la paz, para curar las heridas de la última guerra, sabe sin embargo muy bien, que si Alemania es derrotada, ella será entregada sin remedio a la violencia de Francia y de Inglaterra y perderá su posición independiente en el Mediterráneo; se mantendrían, pues, hoy por hoy fielmente a nuestro lado. Podemos, igualmente, contar llegado el caso, con Turquía y Rumania. Tenemos así todas las de gana podríamos dirigir los mandos de la política europea, mediante una ofensiva decidida, y podríamos asegurar nuestro porvenir.
Esto no quiere decir que debamos provocar la guerra, pero allí donde se produzca un conflicto de intereses (...) no deberíamos retroceder, sino hacerlo depender de la guerra y comenzar ésta por una ofensiva resuelta; poco importa el pretexto, pues no es de esto de lo que se trata, sino de todo nuestro porvenir, que está en juego.
Artículo publicado en Die Post, diario pangermanista, el 24 de febrero de 1914.”
“La trinchera tiene una profundidad de dos o tres hombres. Por tanto, los defensores se mueven por ella como por el fondo de un pozo, y, para poder observar el terreno que tienen delante o disparar contra el enemigo, tienen que subir por escalones hechos en la tierra o por escaleras de madera, al puesto de observación: una larga tarima o saliente practicado en el talud, de manera que quienes estén sobre él puedan asomar la cabeza y mirar. Sacos de tierra, pedruscos y planchas de acero constituyen el parapeto (...) Delante mismo y a lo largo de las trincheras se extiende, casi siempre en varias líneas, redes de alambradas, enrejados de púas de alambre que detienen a los asaltantes y permiten a los defensores disparar con toda tranquilidad (...)”

Ernst Junger. Tempestades de acero. 1920.






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El discurso de los Catorce Puntos
"1. Acuerdos de paz negociados abiertamente (...) La diplomacia procederá siempre (...) públicamente.
2. Libertad absoluta de navegación sobre los mares (...)
3. Supresión, hasta donde sea posible, de todas las barreras económicas (...)
4. Suficientes garantías recíprocas de que los armamentos nacionales serán reducidos al límite compatible con la seguridad interior del país.
5. Libre ajuste (...) de todas las reivindicaciones coloniales (...)
6. Evacuación de todos los territorios rusos (...)
7. Bélgica (...) deberá ser evacuada y restaurada.
8. Todo el territorio francés deberá ser liberado (...) El daño hecho a Francia en 1871, en lo que se refiere a Alsacia-Lorena (...), deberá ser reparado.
9. Deberá efectuarse un reajuste de las fronteras de Italia, siguiendo las líneas de las nacionalidades claramente reconocibles.
10. A los pueblos de Austria-Hungría (...) deberá serles permitido, con la mayor premura, la posibilidad de un desarrollo autónomo.
11. Rumania, Serbia y Montenegro deberán ser evacuados (...) A Serbia se le concederá libre acceso al mar (...)
12. A los territorios turcos del actual Imperio otomano se les garantizará plenamente la soberanía (...), pero las otras nacionalidades que viven actualmente bajo el régimen de este Imperio deben (...) disfrutar de una total seguridad de existencia y de poderse desarrollar sin obstáculos.
13. Deberá constituirse un Estado polaco independiente, que comprenda los territorios incontestablemente habitados por polacos, los cuales deberán tener asegurado el acceso al mar (...)
14. Deberá crearse una Sociedad general de las Naciones en virtud de acuerdos formales, que tenga por objeto ofrecer garantías recíprocas de independencia política y territorial tanto a los pequeños como a los grandes estados."
Discurso del presidente Wilson al Congreso de EE.UU. 8 de Enero de 1918: En: http://www.historiasiglo20.org/ISXX/index.htm

Las posturas divergentes de los vencedores: Lloyd George
"Desde todos los puntos de vista, me parece que debemos esforzarnos por establecer un acuerdo de paz como si fuéramos árbitros imparciales, olvidándonos de las pasiones de la guerra.
Este acuerdo deberá tener tres objetivos: ante todo, hacer justicia a los Aliados, teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos de guerra; seguidamente, el acuerdo debe ser de tal manera que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda firmarlo estimando que podrá cumplir las obligaciones que hay suscrito; por último, este acuerdo no deberá tener ninguna cláusula cuya naturaleza pueda provocar nuevas guerras, y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, porque será para las gentes razonables una solución igualitaria del problema europeo."
Memorandum de Lloyd George, 25 marzo 1919. En: http://www.historiasiglo20.org/ISXX/index.htm

Las posturas divergentes de los vencedores: Wilson
"Espero que Vd. esté de acuerdo, en principio, como el Sr. Lloyd George en la moderación que es necesario mostrar con Alemania. No queremos ni podríamos destruirla: nuestro mayor error sería darle razones poderosas para que quisiera un día tomarse la revancha. Cláusulas excesivas sembrarían la semilla segura de la guerra (...)
Es necesario que evitemos dar a nuestros enemigos la impresión de injusticia. No temo para el futuro las guerras preparadas por complots secretos de los gobiernos, sino más bien los conflictos creados por el descontento de las poblaciones. Si nos hacemos a nosotros mismos culpables de injusticia, ese descontento es inevitable."
El Presidente Wilson dirigiéndose a Clemenceau en el Consejo de los 4.
En: http://www.historiasiglo20.org/ISXX/index.htm

Las posturas divergentes de los vencedores: Clemenceau
"Tomo acta de las palabras y de las excelentes intenciones del Presidente Wilson. Él elimina el sentimiento y el recuerdo: es ahí donde tengo una observación que hacer respecto a lo que acaba de decir. El presidente de EE.UU. desconoce el fondo de la naturaleza humana. El hecho de la guerra no puede ser olvidado. América no ha visto esta guerra de cerca durante los tres primeros años; nosotros, durante ese
tiempo, perdimos un millón y medio de hombres. No nos queda mano de obra. Nuestros amigos ingleses, que han perdido menos que nosotros, pero lo bastante para haber también sufrido mucho, me comprenderán.
Las pruebas que hemos debido pasar han creado un sentimiento profundo sobre las reparaciones que nos son debidas; y no se trata sólo de reparaciones materiales: la necesidad de reparaciones morales no es menos fuerte (...)
Buscáis hacer justicia a los alemanes. No penséis que ellos nos van a perdonar, buscarán la ocasión de la revancha, nada destruirá la rabia de aquellos que han querido establecer su dominación en el mundo y que se han creído tan cerca de conseguirlo."
El jefe de gobierno francés, Georges Clemenceau, dirigiéndose al Consejo de los 4 . En: http://www.historiasiglo20.org/ISXX/index.htm

“Artículo 231.
Los gobiernos aliados y asociados declaran y Alemania reconoce, que Alemania y sus aliados son responsables, por haberlos causado, de todos los daños sufridos por los gobiernos aliados y asociados y sus habitantes a consecuencia de la guerra, a la que les ha conducido la agresión de Alemania y sus aliados.
Artículo 232.
Los gobiernos aliados y asociados exigen, y Alemania se compromete, que sean reparados todos los daños causados a la población civil de las potencias aliadas y asociadas y sus bienes.
Artículo 233.
La cuantía de estos daños, por cuya reparación debe pagar Alemania, será fijada por una comisión interaliada, que tomará el título de Comisión de Reparaciones.”

Tratado de Versalles. Parte VIII. Reparaciones.

"Los Estados Unidos de América, imperio británico, Francia, Italia, Japón, potencias designadas por el presente tratado como las principales potencias aliadas y asociadas, de una parte (...) y Alemania, por otra, han convenido las siguientes disposiciones (...):
Art. 42. Se prohíbe a Alemania mantener o construir fortificaciones, sea sobre el lado izquierdo del Rin, sea sobre su lado derecho.
Art. 43. Se prohíbe igualmente en la zona definida en el art. 42, el mantenimiento y la concentración de fuerzas armadas (...).
Art. 45. En compensación de la destrucción de las minas de carbón en el norte de Francia (...) Alemania cede a Francia la propiedad entera y absoluta de las minas de carbón situadas en el Sarre.
Art. 119. Alemania renuncia, en favor de las principales potencias aliadas y asociadas, a todos sus derechos y títulos sobre sus posesiones en ultramar.
Art. 160. El ejército alemán será destinado exclusivamente al mantenimiento del orden sobre el territorio y a la policía de fronteras.
Art. 231. Los gobiernos aliados y asociados declaran y Alemania reconoce que Alemania y sus aliados son responsables, por haberlos causado, de todas las pérdidas y todos los daños sufridos por los gobiernos aliados y sus naciones como consecuencia de la guerra, que les ha sido impuesta por la agresión de Alemania y sus aliados."
Art. 232. Los gobiernos aliados y asociados exigen y Alemania adquiere el compromiso de que sean reparados todos los daños causados a la población civil de las potencias aliadas y asociadas, y a sus bienes.
Tratado de Versalles. 1919.


«La política de reducir a Alemania a la servidumbre durante una generación, de envilecer la vida de millones de seres humanos y de privar a toda una nación de felicidad, sería odiosa y detestable aunque fuera posible, aunque nos enriqueciera a nosotros, aunque no sembrara la decadencia de toda la vida (...) de Europa (...).
El tratado no incluye ninguna disposición para lograr la rehabilitación de Europa; nada para levantar a Rusia, ni para promover, en forma alguna, una solidaridad económica estrecha entre los aliados mismos.
Los caracteres que expresan la situación inmediata se pueden agrupar bajo tres epígrafes: 1) el hundimiento absoluto para el porvenir de la productividad interior de Europa; 2) la ruina del transporte y del cambio que servían para enviar los productos cuándo y dónde más se necesitaban; 3) la incapacidad de Europa para adquirir productos de Ultramar.»
John Maynard Keynes: Las consecuencias económicas de la paz, 1919.
En: Prats, J., Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p. 62


La Sociedad de Naciones
«Preámbulo.
Las altas partes contratantes, considerando que para fomentar la cooperación entre las naciones y para garantizarles la paz y la seguridad importa: aceptar ciertos compromisos de no recurrir a la guerra y mantener a la luz del día las relaciones internacionales, fundadas sobre la justicia y el honor, observar rigurosamente las prescripciones de¡ Derecho internacional (...), hacer que reine la justicia y respetar escrupulosamente todas las obligaciones de los tratados (...), adoptan el presente pacto, que instituye la Sociedad de Naciones:
Art. 8. Los miembros de la Sociedad reconocen que el mantenimiento de la paz exige la reducción de los armamentos nacionales al mínimo compatible con la seguridad nacional y con las obligaciones internacionales.
Art. 10. Los miembros de la Sociedad se comprometen a respetar y a mantener, contra toda agresión exterior, la integridad territorial y la independencia política presente, de todos los miembros de la Sociedad.
Art. 16. Si un miembro de la Sociedad recurriese a la guerra (...) los demás miembros se comprometen a romper inmediatamente toda relación comercial o financiera con él, a prohibir toda relación (...) con el Estado que haya quebrantado el pacto (...).
Art. 16. 4 Todo miembro que se haya hecho culpable de haber violado alguno de los compromisos de la Sociedad podrá ser excluido de ella.»
(Pacto de la Sociedad de Nociones, 10 de enero de 1920.

Prats, J., Historia del Mundo Contemporáneo, Edit. Anaya, Madrid 1996, p.63)

martes, 14 de abril de 2020

Trabajo con Pelicula




Analiza el significado de las siguientes escenas, en el contexto de la primera guerra mundial.
1)      Analice las características de la “guerra de trincheras” en la película. Puedes buscar información de las mismas. Valoro que analicen las imágenes.
2)      Describa el armamento utilizado en la película.
3)      Vincula la educación que recibían los futuros soldados con el nacionalismo. ¿qué buscaban formar en los estudiantes?, ¿a quiénes debían servir?.
4)      Describa la actitud de los muchachos antes de partir a la guerra.
5)      Analice la evolución del personaje principal (Paul Baurner) a partir de tres momentos: actitud cuando es un alumno, partida al frente, transformación producida en él por la guerra, comente la escena en la que reflexiona sobre la guerra luego de la muerte del soldado francés.
6) ¿Qué visión de la guerra se trasmite en la  película?   Analice, explique qué efectos tiene la guerra en las personas.
"Este relato no es una confesión ni tampoco una acusación y mucho menos una aventura, ya que la muerte no es ninguna aventura, para quienes se enfrentan a ella cara a cara. Sencillamente trata de hablar de una generación de hombres a quienes a pesar de haber escapado de las bombas, la guerra destruyó"




Las guerras mundiales, LA era de las Catástrofes

Chicos y chicas, vamos sumando trabajos, lecturas para las próximas dos semanas (13 al 24 de abril)

Les voy a dejar en principio unos textos que hablan de las guerras y luego algo específico de la PRIMER GUERRA.

Se van a encontrar con videos y con lectura. Me gustaría que lean y que vean y que puedan complementar ambas formas. en CREA (no es necesario mirarlas, es solo sugerencia)

Voy armar una guía de preguntas para ir recolectando sus respuestas.
la entrega pueden hacerla por CREA o por mail.

En el blog no esta un glosario de términos que si esta en CREA.


Europa previa a la primera guerra: https://www.youtube.com/watch?v=TR4Kd4xQPd0
Causas de la Primera Guerra: https://www.youtube.com/watch?v=Ck8q1s8T-sk
Resumen de la primera guerra y segunda guerra: https://www.youtube.com/watch?v=3XtXgH4YSrU
 Atención a la PROPUESTA:

Pregunta de reflexión en base al texto de Cortazar.
1-    ¿Por qué expresa que algunas guerras parecen anunciar el fin de la humanidad? ¿Qué opinas sobre eso, que argumentos utiliza para decir o afirmar eso? (Puedes relacionar con lo expuesto por Hobsbawm)
2-    A qué hace alusión la metáfora “huracanes de acero”

Pregunta de contenido e indagación personal:
1-    Busca información y establece cual es el tiempo cronológico de las guerras (primera y segunda), intenta establecer etapas y momentos en ellas, cita fuentes donde extraes la información.
2-    Establece las alianzas o “bandos” enfrentados o beligerantes de ambos conflictos.

3-    Describe y menciona cuales son las estrategias utilizadas en la guerra y los factores que hacen al conflicto algo novedoso respecto a los anteriores.

Las guerras Mundiales El arte de matarnos
Algunas de las grandes guerras del siglo XX parecieron anunciar el fin de la humanidad. Otras quizá lo fueron realmente. Dos centenares de conflictos, cada cual más sangriento y devastador que el anterior, han rebasado la capacidad de inhumanidad que los seres humanos guardan para los otros. Es cierto que, en su conjunto, a pesar del predominio de la brutalidad no desaparecieron los principales datos de identidad de esa era. Pero también que el número y la caracterización de nuestras guerras hacen del siglo XX el más aterrador de la historia.
El siglo ha sido definitivamente el de las mayores guerras conocidas. E incluso cuando las grandes guerras eran sustituidas por cortos períodos de paz, siempre había algún lugar del mundo en el que las armas continuaban hablando. Y en los que supuestamente se había alcanzado la paz, los hombres seguían pensando en la guerra o preparándola. No es, pues, de extrañar que la paz, sin condiciones ni adjetivos, pueda ser esgrimida a finales de esta centuria como un bien deseable por encima de cualquier otro.
Representar este gran ciclo bélico resulta bastante fácil puesto que,..., hay dos conflictos denominados mundiales que por sí solos comprenden y contienen todo el horror y la muerte que pueda llegar a imaginar la humanidad. Nunca antes la magnitud de ningún enfrentamiento había facilitado ni permitido la denominación "guerra mundial". En el siglo XX esto ha sucedido en dos ocasiones, que en total suman un decenio completo, un tiempo en el que las potencias de la Tierra se entregaron a su mutua destrucción...
La guerra del 14,..., representó la participación de todos los estados europeos, excepto España, Holanda, Suiza y los países escandinavos. Los europeos fueron además ayudados por diversos aliados exteriores, como EEUU, Canadá y Australia, fundamentalmente.
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945), por su parte, superó con creces esta participación. Casi todos los estados del mundo intervinieron en ella, en distinto grado. Sólo España, una vez más _aunque ahora con la excepción del envío de un cuerpo expedicionario contra la URSS _, e Irlanda, Suecia, Suiza, Portugal, Turquía y Afganistán, quedaron fuera del conflicto.
De acuerdo con la mortandad producida, estas dos guerras son también las más importantes, unida a la chino japonesa (1937-1939), la de Corea (1950-1953) o la de Vietnam (1964-1974). Las bajas sumadas sólo en estas cinco ocasiones superaron probablemente los setenta millones de muertos, de los que cincuenta corresponderían al período de 1939 a 1945. Si en la confrontación de 1914 a 1918 hubo batallas como la de Verdún o Somme que costaron la vida a más de un millón de soldados, en la segunda Guerra Mundial los muertos y las horas se contaban junto en los angustiosos bombardeos a Hiroshima, Nagasaki, Dresde o Berlín. La "era de los huracanes de acero" que describió Ernst Jünger, había comenzado en 1914 y ya no cesará en adelante.
Las dos guerras estuvieron definidas por la estrategia de los grandes frentes y por la locura de su extensión a la población civil como medio de minar la moral del adversario y destruir el apoyo de las retaguardias. En la guerra del 14, Alemania, Francia y Gran Bretaña perdieron una generación entera de jóvenes soldados, en una delirante y devastadora guerra de trincheras y cuerpo a cuerpo. En la de los años cuarenta, por el contrario, fue la población civil la que aportó el grueso de las bajas.
Los aliados occidentales aprendieron del desgaste innecesario de la primera confrontación que la estrategia de trincheras... La tecnología se desarrolló gracias a la guerra y pensando en la seguridad de los combatientes, lo que representaba un mayor peligro para los que sin serlo se convertían en víctimas indefensas o mal protegidas.
Las ciudades y sus habitantes fueron habilitados como gigantescos campos de tiro y experimentación bélica. No era en absoluto la primera vez que los objetivos civiles formaban parte del horizonte sangriento de los estados mayores, pero en esta ocasión lo fueron con mayor insistencia y más sistemática saña que nunca.
La Primera Guerra Mundial fue la guerra por la hegemonía internacional entre el Imperio británico y sus aliados franceses contra la emergente Alemania, que aspiraba a desbancar a ambos. Fue una guerra eurocéntrica, cuyo resultado..., sin duda anunciaba el final del continente poderoso. Ni Francia ni Inglaterra, casi desangradas por completo entre 1914 y 1918, se recuperaron adecuadamente y a tiempo para soportar la embestida alemana posterior. Por otra parte, las condiciones de paz, exigidas en Versalles a los derrotados alemanes, impidieron también la evolución normal de la vida económica, social y política de la República de Weimar en la crítica década de los veinte. Contra Alemania se estableció la cláusula de culpabilidad y se la castigó, además, con pérdidas territoriales, con reducciones en su ejército y onerosas reparaciones prácticamente imposible de satisfacer. Luego, los aliados se aplican a la ilusoria tarea de evitar una nueva guerra con el proyecto de la Sociedad de las Naciones, que en realidad apenas sirvió para solucionar conflictos de menor envergadura.
La Segunda Guerra Mundial sorprendió menos que la Primera. A su estallido contribuyó, sin duda, la crisis de la estructura económica y comercial del capitalismo que en Alemania había cosechado el ascenso del fascismo y la llegada al poder en 1933 de Hitler, y en Japón, la consolidación de facciones derechistas favorables a la utilización de la fuerza y al expansionismo militar como medio de recuperación económica nacional. Salvo los dirigentes políticos y militares de estos dos países, es difícil creer que entre los demás contendientes hubiera alguien que deseara participar en lo que sucedió en el mundo a partir de 1939. Con todo, fue una guerra prevista y anunciada mediante grandes planes de rearme y una movilización nacional e imperialista de masas sin precedentes, a la que pusieron nombre propio tanto Hitler como Mussolini.
Hay varios escalones previos,..., que anunciaron sus intenciones en conflictos inmediatamente anteriores como la invasión japonesa a Manchuria, la italiana a Etiopía, la ayuda italoalemana al fascismo español en la guerra civil española de 1936 o las ocupaciones de Austria y parte de Checoslovaquia por Hitler y del norte de Albania por Italia. En ningún caso fue positiva la respuesta de los que luego habrían de ser los aliados contra el Eje. Por el contrario, los dirigentes occidentales permitieron esta escalada operativa y el ensayo sistemático de las bravuconadas del fascismo, si decidirse a intervenir o castigar a los agresores...
El conflicto fue inicialmente europeo y comenzó con el enésimo reparto de Polonia entre Alemania y la URSS, para continuar con el paseo militar de los germanos por Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y Francia, en una guerra relámpago sin apenas resistencia. Entre la primavera de 1940 y el verano de 1941, sólo quedaba Gran Bretaña para enfrentarse a un Hitler que había dividido a Francia en dos y que, en plena euforia, se decidió a marchar sobre Moscú. Sin embargo, la ocupación rápida de la URSS, esperada por el mando alemán, fracasó, y la victoriosa campaña terminó por hundirse en el invierno ruso... las divisiones alemanas fueron copadas y se rindieron... La entrada de los norteamericanos en liza tras el ataque japonés a su flota en el Pacífico, y una declaración unilateral de hostilidades, tan sorprendente como innecesarias, por parte de Alemania, junto al imparable avance soviético en el este decidieron los acontecimientos.
Estas dos potencias, prácticamente extraeuropeas, diseñaron también la posguerra... la realidad de la guerra había dejado abierto el camino al nuevo mundo bipolar. Era un mundo destrozado con abundancia, que contaba de nuevo sus bajas por millones, que descubría los horrores y las cifras del holocausto judío junto a planes de matanzas y aniquilación, que produjo deportaciones de pueblos enteros y amputaciones territoriales y convenció a la humanidad de que, en cualquier caso, la tercera guerra mundial sería la última.

Fragmentos de "Breve historia del siglo XX", Fernando García de Cortázar, Ed. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999,

Primera Guerra o Gran guerra.
Guerra Total: características del conflicto y particularidades de un largo proceso.

El concepto de Guerra Total fue elaborado por Ludendorff general del ejército imperial alemán, hacia 1935 la experiencia bélica vivida durante la Primera Guerra sirvió luego para afinar su descripción teórica. Según esta, la Guerra Total es un fenómeno histórico nuevo, ya que, debido a la suma de sus características, ha hecho aparición con ella un tipo de guerra diferente a las anteriormente libradas por los Estados del sistema político europeo.
La Guerra Total se caracteriza por:
-El escenario de este tipo de conflagración abarca todo el territorio de los Estados beligerantes y no sólo determinados frentes. La consecuencia de este rasgo se traduce en mayor difusión de riesgos, ya de por si, implica todo conflicto armado.
-No es solamente el ejército de un país dado el que protagoniza la acción bélica, sino que la población civil, desde la retaguardia, se ve involucrada de hoz y coz en la guerra.
-Guerra de elevados riesgos y que comprende a toda la población, implica la movilización exhaustiva de las fuerzas de la población y del sistema económico nacional. Se habla de economía de guerra, como si se tratara de un estado productivo de excepción.
-Movilización de la técnica propagandística orientada a la configuración de opinión y mentalidad nacionales. Es decir, una guerra psicológica qué tiende a reforzar la moral del combatiente y a minar la imagen del adversario. Los vehículos canalizadores de la propaganda son la prensa, radio, cinematografía, etc.
-La guerra total implica un grado de desarrollo tecnológico muy alto por parte de los beligerantes. Concede ventajas comparativas evidentes a las naciones industrializadas frente a las que lo están a media y de modo desigual.
La Gran Guerra el resultado de un largo acontecer. Multiplicidad de factores confluyentes.
Nacionalismos: como doctrina tomó cuerpo en Europa al comienzo del siglo XIX, y podríamos definirlo de la siguiente forma: “El nacionalismo sostiene que la humanidad se encuentra dividida naturalmente en naciones, que las naciones, se distinguen por ciertas características que se pueden determinar y que el único tipo de gobierno legitimo es el autogobierno nacional” además, una nación es diferente de otras, y cada una tiene un destino colectivo. El individuo no es nada si no pertenece a la nación. Dicha doctrina iría configurándose activamente y tomando forma violenta en aquellas áreas donde aun no se ha conseguido la unificación política, erosionando las estructuras supranacionales como los Imperios. Pasando de ser un fenómeno, de rasgos aparentemente democráticos, a ser una ideología reaccionaria.
Carrera armamentística: la carrera de armamentos fue considerada en su tiempo una forma de evitar la guerra. El armamento tiene su complemento en la elaboración de planes estratégicos destinados a vencer a los rivales en guerra. Por supuesto, todos los Estados mayores se veían capaces de derrotar con celeridad a sus rivales, y esta velocidad era reconocida como imprescindible. Los imperativos geopoliticos jugaron un papel importante a la hora de desencadenar el conflicto.
Rivalidad imperialista: sus raíces ideológicas hay que buscarlas en el nacionalismo, y en las teorías que consideran al europeo como portador de la civilización, destacando la misión del hombre blanco de llevar el progreso y la civilización a las colonias. Sin embargo, al lanzarse todas las grandes potencias a la conquista del mundo, el choque entre alguna de ellas era inevitable.
El imperialismo implicaba también rivalidades comerciales y económicas, pues se consideraba que las colonias eran mercados naturales del hombre blanco, “a más colonias, más mercados, a mas mercados, más desarrollo.”
La búsqueda de mercados llevó Alemania a participar en la carrera por conseguir concesiones en estados fuertes y grandes, debido a que entre 1890 y 1900 Alemania superó a Gran Bretaña en la producción de acero, alcanzó los ritmos navales británicos 1912 y consiguió mercados que antes dependían de Londres.
Relaciones internacionales: Tras la victoria alemana sobre los franceses en la guerra Franco-Prusiana de 1870, será el canciller alemán Bismarck, el verdadero árbitro de la política europea. Bismarck organizará las relaciones entre las distintas potencias europeas a través de tratados secretos y alianzas.
Su objetivo fundamental es aislar a Francia para evitar su revancha por la pérdida de Alsacia y Lorena en 1871 para conseguir este objetivo concreta alianzas militares secretas con Austria-Hungría, Rusia, Italia e incluso alguna vez con Gran Bretaña.
Endurecimiento de las alianzas: el jóven kaiser de Alemania Guillermo II era partidario de una política opuesta a la de Bismarck, determinó la dimisión al canciller 1890 y endureció la política internacional extendiendo el bloqueo de Alemania hacia Gran Bretaña. Gullermo II buscaba para Alemania “un lugar bajo el sol”, es decir, un lugar entre las potencias coloniales. Por ello se embarcó en una política imperialista a nivel mundial, basada en la máxima de política mundial como misión, potencia mundial como meta, poder naval como instrumento. En estos años se inicia la verdadera carrera armamentista, que prepararía a las potencias para un eventual conflicto.
Tensión en los Balcanes: no se comprende el estallido bélico si no se examina en un espacio concreto, centro focal del enfrentamiento. El área balcánica era un conjunto de pueblos diferenciados por su origen étnico, cultura, religión y lengua. Cada pueblo tendía a aproximarse al Estado correspondiente y resultaba difícil crear una nación común. En todas las encrucijadas de la historia europea reaparecía el espacio balcánico como problema.
Sobre este magma de pueblos se proyectaban las líneas de expansión de dos naciones. Para Austria resultaba vital penetrar hacia el sur, donde una Serbia hostil cerraba el comercio de productos austriacos por el ferrocarril de Salónica. Para Rusia constituía una misión defender a los serbios, eslavos como los rusos, ampliando, además, su proyección hacia el mediterráneo.

En 1900 la mayor parte de la región pertenecía al Imperio Turco, una revuelta en Turquía contra el sultán fue aprovechada por Austria para invadir y anexionar Bosnia-Herzegovina. 1908, tanto que Rusia miraba con inquietud esta penetración. El Imperio turco se desmoronaba. Dos guerras balcánicas 1911-1912 provocaron el doble efecto de reducir el control turco y aumentar la tensión entre Austria y Rusia.


martes, 17 de marzo de 2020

Actividades para las dos semanas de clases sin clases!

Chicos y chicas deje algunas consignas en los textos... con plazo 25 de marzo envíen las respuestas a mi correo electrónico, pueden ser imágenes si los hacen en cuadernolas o en formato word si lo hacen desde compu o celulares. 
Aclaración: son dos actividades en base a los textos de Hobsbawm uno ya lo tienen que es el de los fragmentos del libro, y el otro es: uno "nuevo llamado" Guerra y terrorismo en el siglo XXI.
luciamendiverry@hotmail.com

postura de Eric Hobsbawm en cuanto al siglo XX y XXI


ERIC HOBSBAWM “HISTORIA DEL SIGLO XX” Ed. Crítica. 1998.
FRAGMENTOS: VISTA PANORÁMICA DEL SIGLO XX
A una época de catástrofes, que se extiende desde 1914 hasta el fin de la segunda guerra mundial, siguió un período de 25 o 30 años de extraordinario crecimiento económico y transformación social, que probablemente transformó la sociedad humana más profundamente que cualquier otro período de duración similar. Retrospectivamente puede ser considerado como una especie de edad de oro, y de hecho así fue calificado apenas concluido, a comienzos de los años setenta. La última parte del siglo fue una nueva era de descomposición, incertidumbre y crisis y, para vastas zonas del mundo como África, la ex Unión Soviética y los antiguos países socialistas de Europa, de catástrofes. Cuando el decenio de 1980 dio paso al de 1990, quienes reflexionaban sobre el pasado y el futuro del siglo lo hacían desde una perspectiva fin de siglo cada vez más sombría.
Desde la posición ventajosa de los años noventa, puede concluirse que el siglo XX conoció una fugaz edad de oro, en el camino de una a otra crisis, hacia un futuro desconocido y problemático, pero no inevitablemente apocalíptico. (…) La única generalización absolutamente segura sobre la historia es que perdurará en tanto en cuanto exista la raza humana.
El contenido de este libro se ha estructurado de acuerdo con los conceptos que se acaban de exponer. Comienza con la primera guerra mundial, que marcó el derrumbe de la civilización (occidental) del siglo XIX. Esa civilización era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y constitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así como del progreso material y moral. Además, estaba profundamente convencida de la posición central de Europa, cuna de las revoluciones científica, artística, política e industrial, cuya economía había extendido su influencia sobre una gran parte del mundo, que sus ejércitos habían conquistado y subyugado, cuya población había crecido hasta constituir una tercera parte de la raza humana (incluida la poderosa y creciente corriente de emigrantes europeos y sus descendientes), y cuyos principales estados constituían el sistema de la política mundial.
Los decenios transcurridos desde el comienzo de la primera guerra mundial hasta la conclusión de la segunda fueron una época de catástrofes para esta sociedad, que durante cuarenta años sufrió una serie de desastres sucesivos. Hubo momentos en que incluso los conservadores inteligentes no habrían apostado por su supervivencia. Sus cimientos fueron quebrantados por dos guerras mundiales, a las que siguieron dos oleadas de rebelión y revolución generalizadas, que situaron en el poder a un sistema que reclamaba ser la alternativa, predestinada históricamente, a la sociedad burguesa y capitalista, primero en una sexta parte de la superficie del mundo y, tras la segunda guerra mundial, abarcaba a más de una tercera parte de la población del planeta. Los grandes imperios coloniales que se habían formado antes y durante la era del imperio se derrumbaron y quedaron reducidos a cenizas. La historia del imperialismo moderno, tan firme y tan seguro de sí mismo a la muerte de la reina Victoria de Gran Bretaña, no había durado más que el lapso de una vida humana (por ejemplo, la de Winston Churchill, 1874-1965). Pero no fueron esos los únicos males. En efecto, se desencadenó una crisis económica mundial de una profundidad sin precedentes que sacudió incluso los cimientos de las más sólidas economías capitalistas y que pareció que podría poner fin a la economía mundial global, cuya creación había sido un logro del capitalismo liberal del siglo XIX. Incluso los Estados Unidos, que no habían sido afectados por la guerra y la revolución, parecían al borde del colapso. Mientras la economía se tambaleaba, las instituciones de la democracia liberal desaparecieron prácticamente entre 1917 y 1942, excepto en una pequeña franja de Europa y en algunas partes de América del Norte y de Australia, como consecuencia del avance del fascismo y de sus movimientos y regímenes autoritarios satelites. Sólo la alianza —insólita y temporal— del capitalismo liberal y el comunismo para hacer frente a ese desafío permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre la Alemania de Hitler fue esencialmente obra (no podría haber sido de otro modo) del ejército rojo. Desde una multiplicidad de puntos de vista, este período de alianza entre el capitalismo y el comunismo contra el fascismo —fundamentalmente las décadas de 1930 y 1940— es el momento decisivo en la historia del siglo XX. En muchos sentidos es un proceso paradójico, pues durante la mayor parte del siglo — excepto en el breve período de antifascismo— las relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo irreconciliable. La victoria de la Unión Soviética sobre Hitler fue el gran logro del régimen instalado en aquel país por la revolución de octubre, como se desprende de la comparación entre los resultados de la economía de la Rusia zarista en la primera guerra mundial y de la economía soviética en la segunda (Gatrell y Harrison, 1993). Probablemente, de no haberse producido esa victoria, el mundo occidental (excluidos los Estados Unidos) no consistiría en distintas modalidades de régimen parlamentario liberal sino en diversas variantes de régimen autoritario y fascista. Una de las ironías que nos depara este extraño siglo es que el resultado más perdurable de la revolución de octubre, cuyo objetivo era acabar con el capitalismo a escala planetaria, fuera el de haber salvado a su enemigo acérrimo, tanto en la guerra como en la paz, al proporcionarle el incentivo —el temor— para reformarse desde dentro al terminar la segunda guerra mundial y al dar difusión al concepto de planificación económica, suministrando al mismo tiempo algunos de los procedimientos necesarios para su reforma. Ahora bien, una vez que el capitalismo liberal había conseguido sobrevivir —a duras penas— al triple reto de la Depresión, el fascismo y la guerra, parecía tener que hacer frente todavía al avance global de la revolución, cuyas fuerzas podían agruparse en torno a la URSS, que había emergido de la segunda guerra mundial como una superpotencia.
(…) Sin embargo, es importante recordar que la repercusión más importante y duradera de los regímenes inspirados por la revolución de octubre fue la de haber acelerado poderosamente la modernización de países agrarios atrasados. Sus logros principales en este contexto coincidieron con la edad de oro del capitalismo. (…)
Aunque el hundimiento del socialismo soviético —y sus consecuencias, trascendentales y aún incalculables, pero básicamente negativas— fue el acontecimiento más destacado en los decenios de crisis que siguieron a la edad de oro, serían estos unos decenios de crisis universal o mundial. La crisis afectó a las diferentes partes del mundo en formas y grados distintos, pero afectó a todas ellas, con independencia de sus configuraciones políticas, sociales y económicas, porque la edad de oro había creado, por primera vez en la historia, una economía mundial universal cada vez más integrada cuyo funcionamiento trascendía las fronteras estatales y, por tanto, cada vez más también, las fronteras de las ideologías estatales. Por consiguiente, resultaron debilitadas las ideas aceptadas de las instituciones de todos los regímenes y sistemas. Inicialmente, los problemas de los años setenta se vieron sólo como una pausa temporal en el gran salto adelante de la economía mundial y los países de todos los sistemas económicos y políticos trataron de aplicar soluciones temporales. Pero gradualmente se hizo patente que había comenzado un período de dificultades duraderas y los países capitalistas buscaron soluciones radicales, en muchos casos ateniéndose a los principios enunciados por los teólogos seculares del mercado libre sin restricción alguna, que rechazaban las políticas que habían dado tan buenos resultados a la economía mundial durante la edad de oro pero que ahora parecían no servir. En el decenio de 1980 y los primeros años del de 1990, el mundo capitalista comenzó de nuevo a tambalearse abrumado por los mismos problemas del período de entreguerras que la edad de oro parecía haber superado: el desempleo masivo, graves depresiones cíclicas y el enfrentamiento cada vez más encarnizado entre los mendigos sin hogar y las clases acomodadas, entre los ingresos limitados del estado y un gasto público sin límite. Los países socialistas, con unas economías débiles y vulnerables, se vieron abocados a una ruptura tan radical, o más, con el pasado y, ahora lo sabemos, al hundimiento. Ese hundimiento puede marcar el fin del siglo XX corto, de igual forma que la primera guerra mundial señala su comienzo.

El derrumbamiento de una parte del mundo reveló el malestar existente en el resto. Cuando los años ochenta dejaron paso a los noventa se hizo patente que la crisis mundial no era sólo general en la esfera económica, sino también en el ámbito de la política. El colapso de los regímenes comunistas entre Istria y Vladivostok no sólo dejó tras de sí una ingente zona dominada por la incertidumbre política, la inestabilidad, el caos y la guerra civil, sino que destruyó el sistema internacional que había estabilizado las relaciones internacionales durante cuarenta años y reveló, al mismo tiempo, la precariedad de los sistemas políticos nacionales que se sustentaban en esa estabilidad. Las tensiones generadas por los problemas económicos socavaron los sistemas políticos de la democracia liberal, parlamentarios o presidencialistas, que tan bien habían funcionado en los países capitalistas desarrollados desde la segunda guerra mundial. Pero socavaron también los sistemas políticos existentes en el tercer mundo.

Ejercicio: ¿Por qué el autor expresa la idea del siglo XX corto? ¿En qué momentos o hechos se divide el siglo? ¿Por qué? ¿Qué supuestos o principios ideológicos e instituciones son las que se cuestionan, se desquebrajan o se renuevan?

Guerra y Terrorismo en el siglo XXI
1 Guerra, paz y hegemonía a comienzos del siglo XXI
De entrada, la paz mundial parece hoy más factible que en el siglo XX, un siglo marcado por una cifra récord de guerras mundiales y por las muchas formas de morir a gran escala. Aún así, un estudio reciente llevado a cabo en Gran Bretaña y que comparaba las respuestas que los británicos dieron en 2004 a unas preguntas ya formuladas en 1954 apunta que el miedo a una guerra mundial es hoy mayor que en el pasado. Este miedo responde, principalmente, a un hecho cada vez más evidente: vivimos en una época de conflictos armados mundiales endémicos, guerras que suelen transcurrir dentro de las fronteras de los estados aunque se ven magnificadas por la intervención extranjera. Si bien el impacto de estos conflictos en la historia del siglo XX fue pequeño en términos militares, no podemos decir lo mismo si nos fijamos en la población, la principal víctima de estos enfrentamientos, que ha pagado, y paga todavía hoy, un elevado precio. Desde la caída del muro de Berlín, nos hallamos de nuevo sumidos en una era de genocidios y de traslados de población masivos y forzosos, tanto en algunas regiones de África como en el sureste europeo o en Asia. Se estima que, a finales de 2003, la cifra de refugiados dentro y fuera de su propio país alcanzó los 38 millones de personas, unos números comparables a la extraordinaria cantidad de "personas desplazadas" después de la segunda guerra mundial. Un dato bastará para ilustrar estas afirmaciones: en 2000, el número de muertos en combate en Birmania se situaba entre las doscientas y las quinientas personas; la cifra de "desplazados internos", fundamentalmente por obra del ejército de Myanmar, rondaba el millón. Y la guerra de Irak no hace sino confirmar este aspecto. Lo que, según los estándares del siglo XX, podríamos calificar como guerras pequeñas provocan unas catástrofes sin parangón.
La guerra típica del siglo XX, la guerra entre estados, ha perdido peso rápidamente. En la actualidad no hay conflictos entre estados, aunque no podemos descartar que vaya a haberlos en distintas regiones de África y Asia, o en aquellas zonas donde la inestabilidad o la cohesión de los estados existentes se vean amenazadas. Por otro lado, aunque no estamos ante una amenaza inmediata, no ha desaparecido el riesgo de una gran guerra global, fruto probablemente de la reticencia de Estados Unidos a aceptar la aparición de China como su rival. En ocasiones, incluso, las posibilidades de evitar su estallido parecen muy superiores a las que había en 1929 para evitar la segunda guerra mundial, si bien conviene no olvidar que la posibilidad de esta guerra seguirá presente en las décadas venideras.
Sin embargo, y aun sin las guerras tradicionales entre estados, grandes o pequeñas, pocos son los observadores realistas que auguran que éste será un siglo en el que el mundo vivirá ajeno a la presencia constante de armas y a los brotes de violencia. Con todo, es nuestro deber combatir la retórica del miedo irracional de la que se sirven gobiernos como el del presidente Bush o el del primer ministro Blair para justificar unas políticas que nos acercan al imperio global. Salvo como metáfora, no existe una "guerra contra el terror o el terrorismo", sino contra un agente político determinado que recurre a una táctica, no a un programa. El terror como táctica es indiscriminado y moralmente inaceptable, tanto si se amparan en él grupos clandestinos como si lo hacen los estados. La Cruz Roja Internacional reconoce el aumento de la barbarie en su condena a los dos bandos en conflicto en Iraq. También ha crecido el miedo a que pequeños grupos terroristas opten por la guerra biológica, al tiempo que no parecen preocuparnos tanto los riesgos, mayores e impredecibles, que indudablemente se plantearán cuando la manipulación de los procesos vitales, incluida la vida humana, se nos vaya de las manos. Aun así, el peligro real que para la estabilidad mundial o para cualquier estado consolidado suponen las actividades de las redes terroristas panislámicas a las que Estados Unidos declaró la guerra global, así como las de la suma de todos los grupos terroristas que operan en cualquier punto del planeta, es residual. Aunque han logrado asesinar a muchas más personas que sus antecesores -y menos que los estados-, el riesgo es mínimo desde un punto de vista estadístico y su importancia, escasa en términos de agresión militar. A menos que estos grupos puedan hacerse con armas nucleares, una posibilidad que, no por no ser inmediata, podemos descartar, el terrorismo no provocará la histeria, sino la reflexión.
Con todo, el caos mundial es una realidad, como también lo es la perspectiva de otro siglo de conflictos armados y de calamidades humanas. ¿Es posible volver a una suerte de control global, como sucedió, a excepción de un período de treinta años, durante los 175 años que transcurrieron desde la batalla de Waterloo hasta la caída de la URSS? La cuestión es hoy mucho más complicada, por dos motivos. En primer lugar, las desigualdades a que ha dado lugar la globalización descontrolada del libre mercado, y que han aumentado a un ritmo exponencial, son el caldo de cultivo natural de todo tipo de inestabilidades y agravios. Como se ha observado recientemente, "ni siquiera los estamentos militares más avanzados podrían enfrentarse a una crisis total del sistema jurídico", y la crisis de los estados a la que aludí anteriormente ha hecho de esta una posibilidad más factible que en el pasado. En segundo lugar, ya no existe un sistema de superpotencias internacionales plurales como el que estuvo vigente y que evitó que, salvo en el catastrófico período comprendido entre 1914 y 1945, estallara una guerra total. Este sistema descansaba en un postulado que se remontaba a los tratados que habían logrado acabar con la guerra de los Treinta Años en el siglo XVII: existían en el mundo unos estados cuyas relaciones se regían por diversas reglas, y entre ellas la de no interferir en los asuntos internos del otro, y por una distinción diáfana entre guerra y paz. Sin embargo, nada de todo esto es válido en la actualidad. Otro de los pilares del sistema era la realidad de un mundo donde convivían diferentes potencias, algo que ya existía en la reducida "primera división" de estados, apenas un puñado de "grandes potencias" que, a partir de 1945, se reduciría aún más, hasta quedar sólo dos superpotencias. Ninguna de las dos supo imponerse de un modo abrumador.
2 Las transformaciones del terror¿Ha cambiado la naturaleza del terror político en las postrimerías del siglo xx? Permítanme comenzar con el inesperado brote de violencia surgido en una isla hasta ahora pacífica, Sri Lanka, en la que una mayoría de cingaleses budistas (cuya religión e ideología es todo lo contrario que se puede ser a la violencia) convive con una minoría de tamiles emigrados desde el sur de la India hace siglos o venidos como mano de obra para las plantaciones a finales del siglo XIX. Su hinduismo tampoco es partidario de la violencia. El movimiento antiimperialista en Sri Lanka no se caracterizó ni por un eleva-do militantismo ni por una eficacia extraordinaria, y el país obtuvo su libertad calladamente, en realidad como subproducto de la independencia india. De hecho, en el Sri Lanka colonial se había desarrollado un partido comunista más bien pequeño, y, cosa bastante curiosa, un partido trotskista de dimensiones muy superiores, ambos encabezados por miembros cultos y agradables de la elite occidentalizada, y las dos formaciones, como buenos partidos marxistas, se opusieron al terrorismo. No hubo intento de insurrección alguno. Tras la independencia, el país siguió un plácido derrotero de socialismo moderado, cosa que resultó excelente para el bienestar y la esperanza de vida de la población. En resumen, medido con criterios asiáticos, el Sri Lanka anterior a la década de 1970 era una rara isla de civismo, como Costa Rica y (antes de esa misma década) Uruguay en América Latina. Hoy se enfrenta a un baño de sangre.
Los tamiles, una minoría del 25 por 100 cuya representación en las profesiones cultas es superior a su peso demográfico, han desarrollado un comprensible resentimiento hacia el régimen cingalés que en la década de 1950 decidió sustituir el inglés por el singalés como lengua administrativa nacional. En la década de 1970, un movimiento separatista tamil, no sin el apoyo de un estado indio meridional, creó varias organizaciones armadas, precursoras de los actuales Tigres Tamiles de Liberación de la Patria Tamil,* que han venido libran-do lo que de hecho es una guerra civil desde mediados de la década de 1980. A sus miembros se los conoce sobre todo por contarse entre los grandes instauradores y probablemente entre los mayores activistas del terrorismo suicida, aunque, dicho sea de paso, dada su ideología laica, carece de las habituales motivaciones religiosas. Los tamiles no son lo suficientemente fuertes como para lograr la secesión, y el ejército esrilanqués* es demasiado débil para derrotarlos en el plano militar. La intransigencia de ambas partes ha mantenido la guerra a pesar de las distintas mediaciones por las que terceras partes (India, Noruega) han tratado de lograr un arreglo.
Entretanto, dos son las cosas que le han ocurrido a la mayoría de la sociedad cingalesa. Las tensiones étnico-lingüísticas generaron una fuerte reacción que adoptó la forma de una ideología nacionalista basada en el budismo y en la superioridad racial, dado que la lengua singalesa es indoeuropea (esto es, "aria"). Resulta bastante curioso que este racismo se halle presente en la tradición de la India hindú, y de hecho, tanto en Sri Lanka como en Pakistán, aún pueden encontrarse rastros del antiguo sistema de castas hindú bajo la superficie, oficialmente igualitaria. Al mismo tiempo, el JVP,** un organismo izquierdista asentado principalmente en la actividad de jóvenes cingaleses cultos que no conseguían encontrar un trabajo adecuado, así como en ideas castristas con un toque de maoísmo y una gran dosis de resentimiento hacia la vieja elite sociopolítica, organizó una importante insurrección a principios de la década de 1970.
Fue sofocada con cierta dureza y un gran número de muchachos fueron enviados durante un tiempo a la cárcel. De los vestigios de esta rebelión juvenil al estilo del mayo del 68 surgió una organización terrorista militante que, acantonada principalmente en la campiña esrilanquesa, convirtió su maoísmo original en un vehemente chovinismo racista de raíz budista. En la década de 1980 organizó una campaña de asesinatos sistemáticos contra sus adversarios políticos, lo que hizo de la política una actividad de alto riesgo. (La recientemente retirada presidenta de Sri Lanka vio cómo su padre, ex primer ministro, y su marido, caían asesinados ante sus propios ojos, y perdió un ojo en otros atentados similares encaminados a asesinarla a ella.) También se utilizó sistemáticamente el terror para lograr el control de las ciudades y de los pueblos del campo. Como en el caso del movimiento maoísta Sendero Luminoso en el Perú de la década de 1980, es imposible saber hasta qué punto la dominación del JVP encontró su sostén inicial en el apoyo de las masas, en qué grado se vio ese respaldo alienado por el terror, en qué medida fue a su vez contrarrestado por el resentimiento producido por la represión del gobierno y hasta qué punto genera escepticismo acerca de los revolucionarios. Dos cosas están claras. Que el JVP contó con un apoyo generalizado en aquellos sectores de la población trabajadora del campo cingalés de cuyos miembros cultos se nutría su cúpula dirigente, y que el JVP realizó un gran número de matanzas, la mayoría de ellas perpetradas por un grupo de militantes que en América Latina habrían recibido el nombre de sicarios o asesinos a sueldo. La tentativa de asalto al poder del JVP fue reprimida del mismo modo, esto es, mediante el equivalente de las "guerras sucias" latinoamericanas orientadas a la eliminación de los líderes y de los militantes rebeldes. A mediados de la década de 1990 se estimaba que habían muerto unas sesenta mil personas, víctimas de estos conflictos. Desde sus orígenes, a finales de la década de 1960, el JVP ha intervenido de manera intermitente en la política oficial de Sri Lanka.
Parece evidente que Sri Lanka es simplemente un ejemplo del crecimiento y la mutación sorprendentes que ha experimentado la violencia política en el mundo de finales del siglo xx. La pregunta "¿por qué?" es excesivamente amplia para este ensayo, tanto más cuanto que resulta difícil desligarla del incremento general del nivel de violencia o acción directa que las comunidades occidentales han llegado a aceptar socialmente, tanto en el plano mediático como en el de la realidad. Esto se ha producido tras un largo período en el que se ha asistido, en la mayoría de esas sociedades, al arraigo de la expectativa de que la civilización debería traer consigo el declive permanente de la violencia.
Sería tentador decir que la violencia social en general y la violencia política no tienen nada que ver la una con la otra, dado que una parte de la violencia política de la peor clase puede producirse en países dotados de una tradición política y social notablemente no violenta, como Sri Lanka o Uruguay. No obstante, no es posible mantenerlas separadas en los países de tradición liberal, aunque sólo sea porque dichos países son precisamente aquellos en los que la violencia política no oficial ha adquirido mayor relieve en el último tercio del siglo XX, y donde, en consecuencia, lo mismo ha sucedido con la violencia estatal de signo contrario, de intensidad habitualmente superior. Mientras conservan su capacidad operativa, los países dictatoriales o autoritarios dejan poco margen de maniobra a esta violencia política extraoficial, del mismo modo que apenas dejan espacio alguno a la política extraoficial no violenta.
El aumento de la violencia en general forma parte del proceso de reversión a la barbarie que ha venido fortaleciéndose en el mundo desde la primera guerra mundial, y que he examinado en otro lugar. Su progreso resulta particularmente sorprendente en los países provistos de estados sólidos y estables, así como de instituciones políticas (en teoría) liberales, en los que el discurso público y las instituciones políticas no distinguen más que entre dos absolutos que se excluyen mutuamente: la "violencia" y la "no violencia". Esta ha sido una forma más de sentar la legitimidad del monopolio nacional que el estado tiene de la fuerza coercitiva, lo que ha venido íntimamente unido al desarme total de la población civil registrado en los estados desarrollados del siglo XIX, excepto en Estados Unidos, que por consiguiente han tolerado siempre un mayor grado de violencia en la práctica, aunque no en teoría. Desde finales de la década de 1960, los estados han perdido una parte de ese monopolio del poder y los re-cursos, y una porción aún mayor de la percepción de legitimidad que inducía a los ciudadanos a acatar la ley. Por sí solo, esto explica buena parte del aumento de la violencia.
La retórica liberal ha sido siempre incapaz de reconocer que ninguna sociedad funciona sin cierta violencia en la política -aunque sólo sea en la forma casi simbólica de los piquetes de huelguistas o las manifestaciones de masas-, y que la violencia tiene grados y reglas, como es de dominio público en las sociedades en las que forma parte de la urdimbre de las relaciones sociales y como constantemente trata de recordar la Cruz Roja Internacional a los embrutecidos beligerantes del siglo XXI. Sin embargo, cuando las sociedades o los grupos sociales no acostumbrados a un alto grado de violencia social se ven en la tesitura de practicarla, o cuando en las sociedades tradicionalmente violentas se descomponen las reglas normales, los límites establecidos sobre el uso o el grado de la violencia pueden saltar. Por ejemplo, tengo la impresión de que las tradicionales rebeliones campesinas, teniendo en cuenta la brutalidad general de la vida y la conducta rurales, no eran habitualmente demasiado sanguinarias -por lo común menos que su represión-. Cuando dichos levantamientos caían en la masacre o en la atrocidad, la violencia solía ir dirigida contra personas o categorías de personas concretas y contra propiedades -por ejemplo las casas de la pequeña aristocracia-, mientras que, a la inversa, otras gentes quedaban específicamente al mar-gen debido a que gozaban de buena reputación. Los actos violentos no eran arbitrarios, sino prescritos, casi podríamos decir, por el ritual de la ocasión. No fue la Revolución de 1917, sino la guerra civil rusa la que extendió las carnicerías a gran escala a la campiña rusa. Ahora bien, cuando desaparecen los frenos de la conducta consuetudinaria, los resulta-dos pueden ser aterradores. Una de las razones de que los narcotraficantes colombianos hayan tenido tanto éxito en Estados Unidos estriba, a mi entender, en que, en la pugna con sus rivales, han dejado de aceptar la acostumbrada convención machista de que no se debe matar a las mujeres y a los hijos de los adversarios.
Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Su último libro es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003. El texto publicado son extractos de los capítulos 2 y 8 del libro de Hobsbawm Guerra y paz en el siglo XXI, que acaba de aparecer en castellano en la Editorial Crítica de Barcelona.

Fuente:
Editorial Crítica, marzo 2007

Ejercicio: 1- Luego de la lectura realiza un glosario de términos que no conozcan y busca su significado.
2- Explica cuáles son las nuevas formas de guerra y violencia que plantea Hobsbawm.
3- ¿Qué otros femomenos son recurrentes en este siglo,como se asocian a la globalización?