domingo, 25 de marzo de 2018

HOBBES Y EL ABSOLUTISMO


Hobbes y el Absolutismo

Hobbes va a desarrollar un pensamiento pesimista con respecto al ser humano: El hombre es lobo del hombre se transformará en su frase más célebre. El hombre es malo y egoísta, (porque las pasiones de los hombres son, por lo común, más potentes que su razón) capaz de despedazar incluso a sus semejantes si no está sometido a un gobierno superior que reúna en sus manos el poder absoluto.
Las leyes de naturaleza (tales como las de justicia, equidad, modestia, piedad y, en suma, la de haz a otros lo que quieras que otros hagan para ti) son, por sí mismas, cuando no existe el temor a un determinado poder que motive su observancia, contrarias a nuestras pasiones naturales, las cuales nos inducen a la parcialidad, al orgullo, a la venganza y a cosas semejantes. Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno. Por consiguiente, a pesar de las leyes de naturaleza (que cada uno observa cuando tiene la voluntad de observarlas, cuando puede hacerlo de modo seguro) si no se ha instituido un poder o no es suficientemente grande para nuestra seguridad, cada uno fiará tan sólo, y podrá hacerlo legalmente, sobre su propia fuerza y maña, para protegerse contra los demás hombres.
El poder absoluto nace del consentimiento de los hombres. Señala Chevallier: “Sustentaba el absolutismo sin el mínimo recurso al derecho divino de los reyes, por argumentos puramente racionales y positivos, por una inversión de la subversiva teoría del contrato”[i].
En cuanto a la doctrina del Estado, Hobbes parte de la igualdad entre todos los hombres, pero tiene una concepción pesimista del ser humano: homo hominis lupus (el hombre es lobo del hombre).
Locke (unos cuarenta años más tarde) va a concebir el estado de naturaleza como un estado de paz y armonía y el contrato es concebido para perfeccionar ese estado natural. Para Hobbes, en cambio, el estado de naturaleza es un estado de caos. Concurrencia, desconfianza recíproca, avidez de gloria o de fama tiene por resultado una lucha perpetua. El contrato o acuerdo entre los hombres es para abandonar ese estado de caos y ganar en paz y seguridad.
Para el autor del Leviatán, los tres motores de la discordia entre los seres humanos son:
a) la competencia que provoca agresión por la ganancia;
b) la desconfianza, que hace que los hombres se ataquen para alcanzar la seguridad;
c) la vanagloria, que los enemista por rivalidades de reputación.
Esta situación natural define un estado de perpetua lucha, de guerra de todos contra todos (bellum omnum contra omnes) según la tremenda fórmula de Hobbes.
Como señala Chevallier, bajo pena de destrucción de la especie humana, es preciso que el hombre abandone tal estado: en esto consiste realmente su liberación y su salvación. El hombre posee la posibilidad de abandonar tal estado. Esta posibilidad consiste parcialmente en sus pasiones, parcialmente en su razón. Algunas de sus pasiones lo inclinan para la paz: en primer lugar, el temor a la muerte. La razón, que es apenas un cálculo, le sugiere convenientes artículos de paz, que le permitan entrar en acuerdo con otros hombres.[ii]
Este es el origen, para Hobbes, del contrato, pacto o acuerdo que lleva a los hombres a dejar el estado de naturaleza para transferir todos sus derechos a un soberano (que en el pensamiento de Hobbes puede ser una monarquía o una asamblea pero manifiesta su preferencia por una monarquía). Si el egoísmo domina en el estado de naturaleza, es el mismo egoísmo (una razón de cálculo) que lo lleva a ese pacto a cambio de seguridad como el bien más preciado.
Al despojarse los hombres de su poder, lo asume íntegramente el Estado que ejerce ese poder sin limitaciones; es una maquinaria poderosa, un monstruo que devora a los individuos y ante el cual no hay ninguna otra instancia. Hobbes no encuentra nombre mejor que el de la gran bestia bíblica: Leviatán. Y agrega: De esta institución de un Estado derivan todos los derechos y  facultades de aquel o de aquellos a quienes se confiere el poder soberano por el consentimiento del pueblo reunido...
En su concepción de absolutismo, Hobbes rechaza toda división del poder (como en el denominado gobierno mixto, donde el Parlamento adquiere preponderancia frente a la monarquía) . Si el poder se divide, deja de ser absoluto. Igualmente su pensamiento está muy lejos de nuestra democracia representativa. En el pacto fundamental de Hobbes hay transferencia total, no hay delegación de poder.
Tomado de: Historia del pensamiento político. M.A Peña.


[i]  Chevallier, J.J Grandes obras políticas, de Maquiavelo a nuestros días. Brasilia. Editoras Universidades de Brasilia. P 81
[ii]  Chevallier P 70



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