El
concepto de revolución desde una perspectiva histórico – sociológica:
Anthony
Giddens “...la revolución puede definirse como la toma del poder político,
generalmente por medio de la violencia, por los líderes de un movimiento de
masas que, posteriormente, utilizan dicho poder para iniciar grandes procesos
de reforma social...”[i]
Eric
Hobsbawm, señala que a fines del S. XVIII el mundo se ve convulsionado por una
transformación ¨sin precedentes¨, que el autor denomina ¨doble revolución¨.
Esta categoría refiere a la revolución francesa que es un proceso de carácter
político y social que genera ¨…la transición de una sociedad pre moderna a una
moderna que corrobora: el concepto de ruptura y revolución y la necesidad de
construir un espacio político y jurídico…¨[ii]
y designa a la revolución industrial con ¨epicentro¨ en Gran Bretaña que genera
para John Rule ¨...un cambio estructural fundamental y trastorno social que comporta...¨ [iii]
Si
la economía del mundo del siglo XIX se formó principalmente bajo la influencia
de la revolución industrial inglesa, su política e ideología se formaron
principalmente bajo la influencia de la Revolución francesa. Inglaterra
proporcionó el modelo para sus ferrocarriles y fábricas y el explosivo
económico que hizo estallar las tradicionales estructuras económicas y sociales
del mundo no europeo, pero Francia hizo sus revoluciones y les dio sus ideas,
hasta el punto de que cualquier cosa tricolor se convirtió en el emblema de
todas las nacionalidades nacientes. Entre 1789 y 1917, las políticas europeas
(y las de todo el mundo) lucharon ardorosamente en pro o en contra de los
principios de 1789 o los más incendiarios todavía de 1793. Francia proporcionó
el vocabulario y los programas de los partidos liberales, radicales y
democráticos de la mayor parte del mundo. Francia ofreció el primer gran
ejemplo, el concepto y el vocabulario del nacionalismo. Francia proporcionó los
códigos legales, el modelo de organización científica, y técnica y el sistema
métrico decimal a muchísimos países. La ideología del mundo moderno penetró por
primera vez en las antiguas civilizaciones, que hasta entonces habían resistido
a las ideas europeas, a través de la influencia francesa. Esta fue la obra de
la Revolución francesa.
Como
hemos visto, el siglo XVIII fue una época de crisis para los viejos regímenes
europeos y para sus sistemas económicos, y sus últimas décadas estuvieron
llenas de agitaciones políticas que a veces alcanzaron categoría de revueltas,
de movimientos coloniales autonomistas e incluso secesionistas: no sólo en los
Estados Unidos (1776-1783), sino también en Irlanda (1782-1784), en Bélgica y
Lieja (1787-1790), en Holanda (1783-1787), en 'Ginebra, e incluso —se ha
discutido— en Inglaterra (1779). Tan notable es este conjunto de desasosiego
político que algunos historiadores recientes han hablado de una «era de
revoluciones democráticas» de las que la francesa fue solamente una, aunque la
más dramática y de mayor alcance.
La
Revolución francesa puede no haber sido un fenómeno aislado, pero fue mucho más
fundamental que cualquiera de sus contemporáneas y sus consecuencias fueron
mucho más profundas. En primer lugar, sucedió en el más poderoso y populoso
Estado europeo (excepto Rusia). En 1789, casi de cada cinco europeos, uno era
francés. En segundo lugar, de todas las revoluciones que la precedieron, y la
siguieron fue la única revolución social de masas, e inconmensurablemente más
radical que cualquier otro levantamiento.
En
tercer lugar, de todas las revoluciones contemporáneas la francesa fue la única
ecuménica. Sus ejércitos se pusieron en
marcha para revolucionar al mundo, y sus ideas lo lograron. Sus repercusiones,
mucho más que las de la revolución norteamericana, ocasionaron los levantamientos
que llevarían a la liberación de los países iberoamericanos después de 1808.
La revolución francesa, en Las Revoluciones
Burguesas. Eric Hobsbawm.
La
revolución que estalló en Francia hacia 1787 forma parte del gran movimiento
revolucionario que alcanzó a todo el Occidente. Fue de la misma naturaleza que
las restantes, aunque, mucho más intensa. Conviene indicar en qué consistió
esta diferencia cuantitativa. En nuestra opinión, se basa en dos hechos
fundamentales: el lugar ocupado por Francia durante el siglo XVlll en el concierto
de las naciones, y las relaciones de las clases sociales francesas entre sí.
Por
su superficie, Francia era mucho más extensa que cualquiera de los restantes
países alcanzados anteriormente por la revolución, exceptuando los Estados
Unidos; además, loa superaba a todos, y con bastante diferencia, por su
población, ya que en 1789 contaba con, cerca de 26 millones de habitantes,
mientras que Gran Bretaña —el país más poblado, después de Francia, entre los
que habían sufrido, antes de 1789, sacudidas revolucionarias— apenas contaba
con la mitad. Según parece, en 1789 Francia tenía un exceso de población, lo
cual, serviría para explicar el hecho de que la revolución tomara allí el cariz
de una «revuelta del hambre.
Las
rentas del Estado, aun cuando su insuficiencia fuese una de las causas de la
Revolución —se aproximaban a los 500.000.000 de libras anuales—, eran más importantes
que las del reino de Gran Bretaña, doble que las de los Estados de la Casa de
Habsburgo, triple que las de Prusia, Rusia, Provincias Unidas o España, y
veinticinco veces superiores a las de los Estados Unidos.
En
el terreno intelectual, la preponderancia de Francia en Occidente era
abrumadora, la mayoría de los «filósofos» del siglo XVIII habían escrito sus
obras en francés, y la lengua francesa era en realidad, en aquella época, la
lengua universal.
La revolución francesa 1787-1789, en Las
revoluciones. 1770-1999. Jacques Gonderchot.
[i] Pág. 637, Anthony Giddens, Sociología, (Alianza
editorial, Madrid, 1999)
[ii] Judith Casali de Babot y Luciano de Privitellio, cap.
2. Las revoluciones burguesas y los sistemas políticos del S. XIX pag. 128. en
El Mundo Contemporáneo: Historia y Problemas. Julio Arostegui, Cristian
Buchrucker y Jorge Saborido (directores)
[iii] John Rule, Clase Obrera e
Industrialización, Introducción: Perspectivas y Problemas, Pp. 11.
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